La genialidad no siempre va reñida con la racionalidad (os sí-después lo entenderán-). Quizá todo sea relativo y lo que nosotros -individualmente- consideramos lógico, otra persona no lo cree así. Cuando tus principios se enfrentan a alguien de la magnitud de Tim Maia todo se complica, pues él tenía una visión de la vida tan diferente y lo más sorprendente no es que durante un tiempo, no cantara al amor, al sexo o a las drogas sino que su talento estuviera a disposición de una simple secta.

Universo em desencanto fue el libro que lo cambió todo.  Era un biblia de lo llamado Cultura Racional que según en palabras del propio Maia decía que “Nosotros somos originarios de un planeta distante y perfecto y estamos en la Tierra exiliados. Aquí, vivimos en la animalidad, sucios y magnetizados, sufriendo en ese valle de lágrimas. La única salvación es la inmunización racional, que se conquista leyendo el libro y siguiendo sus enseñanzas. Sólo así podemos purificarnos y ser rescatados por los discos voladores de vuelta a nuestro planeta de origen: el Racional Superio “. Pero estoy comenzando por la mitad de la historia.

En 1957 se funda uno de los grupos con más proyección del momento pues -ellos aún no lo sabían- estaba compuesto por las futuras estrellas de la música brasileira. The Sputniks se llamaba el conjunto musical, fundado por el propio Maia y con nombres tan relevantes como el del mítico Roberto Carlos, Erasmo Carlos y Jorge Ben. La cosa no acabo bien, se separaron, las peleas  y los celos entre los dos cantantes eran constantes.

Entonces Maia se marcha a Estados Unidos, pero lo deportan al cabo de un tiempo debido a que vive de robar, incluso pasa 6 meses en la cárcel de Daytona beach, pero le da tiempo de militar en un grupo de música en Nueva York -The Ideals-. A su vuelta a Brasil comienza la leyenda. Antes de seguir contando la vida de este artista el lector debe saber que este peculiar músico es adicto a lo que él llama el “triatlón”, una combinación de cocaína, marihuana y whisky.

Pues bien, en 1970 saca su primer disco Tim Maia y rápidamente comienza a cosechar éxito, sus letras reivindicativas le convierten en símbolo de las comunidades negras que emulan el Black Power -Black Rio se autodenomina el movimiento-. Tal es el impacto que la dictadura brasileña de aquella época se preocupa po rel poder de convocatoria que tiene Maia en sus conciertos.

Pero vayamos a mediados de los 70 cuando al visitar a su amigo y músico Tiberio Gaspar, y después de tomar mescalina, Maia hojeó un libro. Se quedó impresionado con las historias que este contenía, aquel libreto era Universo en Desencanto. Aquel hecho provocó que quisiera conocer a su líder -el maestro Manoel Jacintho Coelho, el sumo sacerdote del Racional Superior- y que obligara a todos los músicos a leer y entender la filosofía que él abrazó con tanto ahínco.

Lo curioso de este proceso es que dejó las drogas y se adelgazó. En el libro dedicado a Maia, el periodista Nelson Motta afirma que durante ese proceso la voz del músico se volvió portentosa “una claridad y una riqueza de timbres que saltaban a los oídos. Estaba cantando como nunca”. Incluso también obligó a su banda a vestir de blanco -tal y como mandaba la secta. En aquel momento de fanatismo, Maia grabó Tim Maia racional, vols. 1 y 2, un material que hoy día está considerado de culto.

Hay que decir, que la cosa con el gurú no acabo bien y Maia volvió a su particular “triatlón,” un hábito que le provocaría sobrepeso y  enfermedades como la diabetes, la hipertensión, incluso una embolia pulmonar. Todo este cóctel provocó que a los 55 años y con 144 kilos de peso, el 15 de marzo de 1998 -una semana después de no poder acabar una actuación- el singular artista muriese víctima de una infección generalizada en Nilterói (Brasil).

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