Soy un enamorado de la canción La vie en rose de Édith Piaf, es de aquellas canciones que me sirven para poder llorar, algo necesario, incluso bonito. Es más, mientras la escucho escribo este artículo.

El otro día encontré –en aquella maravilla que se llama Spotify— un disco que tenía pendiente, Après, del icono de la música punk Iggy Pop. Cuando el disco salió allá por el 2012, no le gustó a muchos críticos y eso extrañó, pues no sé porqué estoy enganchado a la voz rota del artista cantando canciones tradicionales en francés.

¡Va! ¡Me animo y os hago otra confesión (antes he dicho que lloraba y eso es muy íntimo)!

Adoro los covers, casi todos me gustan, si hay una canción que adoro, un cover de ese tema me va a encantar –es evidente que existen excepciones–. Pues bien, Iggy Pop coge el clásico de Édith Piaf y lo canta en francés, no en inglés como hizo Louis Amstrong, y el resultado es que lo amo. Quizá no me produzca esa sensación de necesidad y vacío que provoca la pieza original –que por supuesto prefiero–  con la pieza de Iggy Pop siento un punto canalla que me sirve, no para llorar, sino para mirar al mundo con desprecio, me sirve para cuando estoy enfadado.

Un gustazo ponerse este tema y mirar a la gente como un Sith mirar a los jedis mientras suena la Marcha Imperial. Incluso me imagino con una capucha que me tapa solo un ojo y yo me giro como si de Anakin Skywalker se tratara, mirando de soslayo mientras escucho la voz rota en francés del mítico cantante.

También existen más temas en este disco –todo de covers— como el fantástico Et si tu n’existais pas del maravilloso Joe Dassin, una canción tan empalagosa que provoca una sonrisa que la cante Iggy Pop, el mismo que puso la banda sonora a uno de los mejores inicios del cine moderno, Trainspotting.


El disco se compone de 12 canciones (seis en inglés y seis en francés), todas canciones tradicionales en sus respectivos países.

El disco me parece una provocación; que alguien del prestigio del norteamericano se arriesgue a hacer versiones de canciones tradicionales, cosa que nunca funciona, tiene mucho mérito. Él sabía que le caerían un millón de tortas por su osadía, pero le da igual. Sí, mucha gente pensará: “si yo tuviera la pasta que tiene él, también me arriesgaría“. Pues querido, permíteme que lo dude, y pongamos ejemplos. ¿Quién con prestigio y sin necesidad hace algo sabiendo que la gente no lo entenderá? Poca, solo algunos osados.

Insisto, a mucha gente no le gustó, es verdad, su francés no es el mejor, pero cabe destacar la ilusión y las ganas por hacer lo que a él le da la gana. Hacer cosas que la opinión popular desaprueba es un valor añadido que hay que valorar.

Y finalmente, destaco una canción más, Everybody’s Talkin’ de Harry Nilson, que siempre te lleva a aquel bus llegando a su destino y a Dustin Hoffman en la maravillosa Midnight Cowboy.

Para mí, este disco tiene pequeñas joyitas fruto del descaro del gran Iggy Pop, un tipo acostumbrado a romper cualquier tipo de patrón absurdo de la sociedad.

 

Jaume García

Anuncios
Share this...
Share on FacebookShare on Google+Tweet about this on TwitterShare on LinkedIn