El piano del inicio y la referencia a una chica. Solo dos elementos son capaces de transportarte directamente a algún momento de los 80.

Las ganas de descubrir mundo, el momento en que todo te parece nuevo, donde el mañana, el curro, las obligaciones, se quedan en un sitio apartado. Tan solo querer descubrir por el placer de conocer lo desconocido. Eso es la música de la década de los 80.

Si sois muy seriefilos, reconoceréis la canción con la que se cierra la fantástica serie Los Sopranos (nuca se ha hecho nada mejor que Los Sopranos). Don’t Stop Believin’, de Journey. Dicen algunas lenguas que el líder de la banda californiana no quería que saliese en esa serie y mucho menos en otra serie que salió más tarde, Glee. Parece ser que, acertadamente, David Chase no lo tuvo muy en cuenta.

El cómo y cuándo descubres una canción marcan la influencia que tiene sobre ti. Y si cada vez que las escuchas aún se te ponen los pelos de punta, significa que la influencia sigue muy presente en ti. 

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