Hacía mucho tiempo que no hablaba de una canción. Hay veces que te da miedo hablar de ciertos temas porque parece que eres un presuntuoso que va de algo o que quiere mostrar alguna cosa.

Yo, a esta canción, he llegado de una manera fortuita que me encanta explicar y aprovecho (ojo que viene ironía) la oportunidad que me doy en este medio para explicar mis aventuras.

Tengo un gran defecto, me encanta escuchar la radio matinal; en general, me encanta escuchar todo tipo de radio. Pues bien, uno de los matinales que escucho es el del maestro Carlos Herrera en Cope. A las 8.30 de la mañana, cuando conecta con el espacio de Santi González, éste siempre va precedido por una de las bandas sonoras que mejor combinan con la película: Los siete magníficos.

Tema aparte es el espectáculo y el buen rollo que dan a esa hora. Herrera siempre la tararea y eso crea una complicidad con el oyente maravillosa. Pero eso no sería posible sin la gran composición musical del gran Leonard Bernstein para esta película.

Este fue el punto de partida para comenzar a descubrir al gran compositor. Saber que es el que ideó la banda sonora del magnífico musical West Side Story –qué recuerdo tan especial el de ver por primera vez esa película– o la mítica banda sonora de La Ley del silencio de Elia Kazan y con Marlon Brando de protagonista. Pero un día, escuchando a Berstein en modo aleatorio en YouTube, sin querer caí en una canción, 1812 Overture.

Esta composición era de Piotr Ilich Tchikovsky que creó para el Zar Alejandro I con el fin de conmemorar la victoria de la Rusia de los Romanov sobre la Grande Armée de Napoleón.

La obertura fue dirigida por el propio Tchaikovsky en 1891 en Carnegie Hall en Nova York, siendo una de las primeras veces que un compositor europeo de renombre visitó los Estados Unidos. Desde ese momento esta canción se usa en el día de la conmemoración de la independencia de los Estados Unidos.

Os muestro un par de conexiones entre ambos compositores:

Bernstein fue el director que durante más tiempo dirigió la Orquesta Filarmónica de Nova York.

Los dos fueron personas que aceptaron su homosexualidad con la máxima naturalidad que su época permitía. Tchaikosky la escondió al mundo pero la reconocía sin problemas en la intimidad y Bernstein se fue un año a vivir con un hombre después de dejar a su mujer. Sus épocas se distancia en 100 años.

Uno murió al poco de estrenar su sexta sinfonía y el otro de anunciar su retirada. Sobre uno aún se especula sobre su muerte y las causas y sobre el otro, los obreros de NY se quitaban el casco mientras decían “Goodbye, Lenny”.

 

 

 

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