Hace un tiempo que conocí a un hombre; un hombre que vive y respira bajo un concepto, una manera de vivir que él denomina Xoow y se ha tirado los últimos años publicando revistas para difundir su idea vital.

Pues bien, para que entiendan que fue tropezarme con él en la vida les voy a hacer una metáfora que tiene mocos, aire fresco y dolor que son elementos presentes en esta idea sobre la manera de vivir:

Saben cuando tienen la nariz entaponada, casi no pueden respirar, buscan desesperadamente algún papel o un trozo para poder sonarte, lo encuentras, te suenas y te sientes libre; aunque justo después de sonarte, percibes una cierta molestia a la altura del hueso de la nariz — justo debajo de los ojos–, incluso notas un poco de dolor ya que la cabeza no se esperaba todo ese aire limpio.

Pues esa es la sensación que da conocer a esta persona y, sobretodo, a su concepto de vida: Xoow.

Pero hay un problema –bien, hay más de uno–. En este caso, el hombre, comparado con el resto de las personas es tan extravagante que cuando lo conoces solo te quedas con la anécdota. Y ese es el problema, básicamente, porque para plantear cualquier situación –y más hoy en día– es necesario profundizar, ir más allá de la anécdota ya que si no lo hacemos corremos el serio riesgo de tener una perspectiva superficial y crear una idea a partir de un lugar totalmente erróneo, pues la mencionada anécdota es eso, algo simple, subjetivo y que carece de peso. Por supuesto, no es un punto de partida idóneo para crearte una opinión sobre ningún tema.

Este tema me sirve para explorar un aspecto de la sociedad que me preocupa. Todo el mundo –la mayoría o la parte que más ruido hace– tiende a discutir solo con las anécdotas de los problemas, por ejemplo: “es que la moto de aquel tipo hace mucho ruido cuando pasa por mi calle”. No dudo que el ruido sea molesto, incluso un problema para el que sufre el desagradable sonido, pero el problema no es el tipo que pasa por su calle haciéndose el machote, el verdadero problema es que a ese tipo le han dicho que esa manera es la mejor para ser alguien en la sociedad y él se lo ha creído. Pero nosotros solo intentamos solucionar la anécdota. Si el tipo de la moto no pasara por su calle el conflicto existiría igual. Este es el problema de discutir con la anécdota, te quita perspectiva.

Vuelvo al concepto Xoow, aunque en un solo artículo de 600 palabras es complicado de explicar. Tiene muchos matices pero me voy a aventurar a exponer tres de las patas más importante de esta filosofía de vida.

La primera, deja de buscar fuera lo que hay en tu interior. Nos han educado para conseguir objetivos superficiales, un coche, una casa, una pareja… pero no nos han educado para convivir con nosotros mismos. Esto simplemente significa que no sabemos aceptarnos ni asumir las consecuencias de nuestros actos. Esto parece sencillo, pero no lo es para nada.

La segunda, ilusiónate. Como sea y con lo que sea, pero que el motor de toda acción sea siempre la ilusión, aunque te engañen. Hay que ilusionarse por lo que vas a hacer y hacerlo, es el secreto del buen rollo, cuando el motor de tu acción es otro –ya no digamos que el motor sea negativo– siempre acaba en decepción. Elemento que frustra y la frustración es la más difícil de administrar en esta vida.

Y por último, pero no menos importante, la música. Si para el recuerdo el hipotálamo es una parte esencial del cerebro, la música –recomendable que sea un buen funky— es una parte esencial del alma, nos conecta con nuestra libertad y te arranca lo mejor de ti en los momentos más complicados. La música te conecta y estar conectado contigo mismo, es la mejor manera de entender y vivir con el concepto Xoow en tu vida.

Y ahora sí que acabo con Brian Mcknight y su preciosa canción de Forever.

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