Nos acostumbramos a acostumbrarnos. Es la base de toda la educación actual. Cuando era educador y tenía que enseñar una canción a niños empecé, de manera intuitiva, un método que a mí me parecía novedoso, pero que ya se había utilizado muchísimas veces.

En vez de enseñar la canción conforme avanza, lo que pensé es que sería mejor si les cantaba toda la canción, así ellos ya sabrían como sería y después enseñarles la canción parte a parte. La verdad es que daba resultado, los niños con la seguridad de saber como era toda la canción, a la hora de imitarme para aprender la letra les era mucho más sencillo.

Más tarde cuando hablé con otro educador más veterano me dijo que ese método era “el ideal”. “El ideal” me quedé pensando y son de aquellas palabras que se te quedan gravadas de una manera muy particular y se activan de vez en cuando para generarte alguna idea. Nos acostumbramos a acostumbrarnos. Aunque pienses que haces lo que quieres, realmente no es así, haces y cumples con un cánon.

Quizá tu camino sea más comedido o más excéntrico pero el camino que haces es una imitación, una imitación que la eliges tú y que sin darte cuenta cada vez la haces mejor hasta que la imitación y tú os mimetizáis y ya está, ya eres lo que proyectabas ser. En la sociedad hay varios cánones y nosotros, conscientes o no, elegimos uno.

Si no fijásemos un poco más en los cánones de comportamiento –de ahora en adelante nos referiremos como la sociedad— observaríamos que una constante de ella es la frustración. Nos frustramos al comprobar que todo el esfuerzo para imitar que ponemos en nuestra vida lleva a lo mismo, a nada. Y es una pena, porque lo hacemos con la esperanza de encontrar la felicidad, y no hablo de la felicidad como algo idílico y utópico, no, hablo de la felicidad como el simple equilibrio en la vida.

Un estado agradable, una sensación positiva en tu vientre. Y mientras imitamos aprendemos a acostumbrarnos, a acostumbranos a la situación a aceptarla y a pensar de manera errónea que mientras nos acostumbramos a acostumbrarnos estamos entendiendo que el equilibrio es eso, aceptar lo que pasa. Básicamente porque es más sencillo aceptar lo que pasa que no arriesgar, no proponer, no equivocarnos.

Y no hacemos todo eso porque si arriesgamos, proponemos y nos equivocamos dejaremos de imitar y quizá empezamos a ser otra cosa. ¿Qué cosa? Nadie lo sabe. No quiero decir que las normas sociales se deban cambiar porque empezamos a improvisar o a ser nosotros mismos y queremos explorar, es decir, ¿Por qué nos damos la mano en vez de olernos el culo? No debemos obviar que la humanidad camina sobre la tierra desde hace millones de años y hemos evolucionado. Si la mejor manera de saludarnos es darse la mano es porque se han probado ya muchas otras cosas y esta es la que mejor funciona.

Lo malo es que la gente, cuando quiere un cambio, el primero que hace siempre debe ser visible para que la sociedad y los otros cánones lo legitimen. Entonces caemos en la tentación de banalizar el cambio haciendo cambios para que la gente vea que has cambiado y a partir de ese momento en vez de dar la mano, olerás el culo como símbolo de tu cambio. El problema es que con el tiempo, verás que la mano es más sencilla, hecho que la humanidad ya había comprobado antes que tu, y entonces dejas de oler el culo y dejas de intentar el cambio, muy difícil piensas, mejor vuelvo a imitar, como mínimo imitando la gente no se ríe de .

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