Hablar sobre Benito Mussolini no siempre va relacionado con el concepto de fascismo aunque él sea el creador del invento. Mundialmente se relaciona esta ideología con la Alemania de Hitler y, en España, con la dictadura de Franco.

Esta correlación de ideas puede dar paso a una gran confusión sobre lo qué es y lo que significa el fascismo, ya que en el origen de este movimiento y de su ideólogo determina la fisonomía, el carácter de esta manera de pensar que es tan determinante durante el siglo XX.

Para entender como se crea el fascismo, es imprescindible -va estrechamente unido- conocer la historia y las aventuras del joven italiano que desde muy pequeño ya tenía tintes de político, ya que fue bautizado con el nombre de Benito en honor a Benito Juárez -no confundir con el conquistador y corregidor español- sino con el presidente de México durante una de las etapas más combulsas de su república.

El joven Mussolini ya tenía un claro perfil que le acompaña durante toda su vida, es mandón, no le gustan las normas, frecuenta círculos comunistas- sí, comunistas- presumía de virilidad, incluso ya vestía de negro. Pero uno de los momentos más determinantes de su vida es cuando opta por huir de su entorno y refugiarse en Suiza.

Cabe destacar que en aquella época -1902-  el país más neutral de la historia era un caldo de cultivo de las futuras revueltas socialistas, incluso por aquellas tierras se encontraba el futuro dictador ruso Vladímir Ilich Uliánov ‘Lenin’. Fue allí donde el italiano comienza a escribir en un periódico comunista, un hábito determinante en su ascenso al poder. Es en Suiza donde también comienza a coger consciencia de su capacidad oratoria.

Su formación sobre la ideología comunista tuvo un nombre, Angelica Balabanoff, una rusa que fue su amante y mentora en el marxismo. Una mujer que más tarde también tuvo un affaire con el dictador bolchevique Lenin, ya en Rusia y en plena rebelión.

Ya su vuelta a Italia, tuvo que afrontar los dos de servicio militar. Más tarde, intentó centrarse en el periodismo, implicándose en diarios y panfletos de rasgos claramente comunistas. Cabe decir que  el futuro ‘Duce’ tenía un especial  talento para provocar con sus escritos.

Su presentación a nivel nacional y donde se pudo comprobar la capacidad de líder del futuro dictador con sus discursos radicales y sus pausas teatrales fue en el congreso del Partido Socialista Italiano (PSI). La sensación que causó no pasó de inadvertida y eso provocó que comenzara a dirigir el diario comunista Avanti!, evidentemente bajo la influencia del partido.

Y así todo avanzó -con Mussolini como director del diario- hasta el inicio de la primera Guerra Mundial. La posición de su partido y la suya respecto a la contienda europea se fueron alejando cada vez más, hasta que finalmente dimitió y le echaron del partido comunista. Esa ruptura y la fundación de su propio diario  Il Popolo d’Italia le dio el impulso necesario para comenzar a crear su propia legión de seguidores. Tan solo contaba con 31 años.

Tras su paso por las trincheras de la guerra, Mussolini volvió a su diario, pero con un cambio notable en la cabecera de su periódico, donde ya se comenzaba a intuir su viraje ideológico. Pasó de ser una gaceta ‘socialista’ a un ‘Periódico de los combatientes y de los productores’, de esta manera se desvinculaba de la reivindicación de clases para enfocarse en los veteranos, pobres y en personas que renegaban de las políticas de derechas o izquierdas tradicionales. Así se constituyan como los Fasci di Combattimento, así es como empieza a tomar forma lo que en un futuro será el Fascismo.

El discurso de Mussolini trataba de convencer a todos lo incomprendidos de la guerra, a la población que era víctima de una enorme inflación. Además hay que destacar dos elementos que juntos formaron el cóctel explosivo y letal: el nacionalismo y la violencia.

Los fasci empezaron a apalear a comunistas y anarquistas, algo que la policía toleró y que dio unos aires de intocable al futuro ‘Duce’, que además, no dejaba escapar ninguna oportunidad -desprecio internacional hacia el país mediterráneo- para reivindicar la idea de una Italia fuerte, es decir, potenciar el nacionalismo.

En 1919, hay dos acontecimientos decisivos para la formación de la ideología fascista; primero hay elecciones -los fascistas solo sacan un escaño- y ganan los socialistas, estos resultados hicieron reaccionar a la alta burguesía italiana -en 1917 había triunfado la revolución bolchevique en Rusia y el ascenso izquierdista les preocupaba- pero Mussolini rápidamente se situó  a su lado y se proclamó anticomunista -él que había dirigido el Avanti!-. Para las siguientes elecciones del 21, los conservadores y los fascistas -que se pusieron más de moda que nunca- se aliaron y el joven Benito consiguió una notable representación parlamentaria.

La década de los años veinte en Italia fue un desastre, Mussolini criticaba el papel de los partidos tradicionales mientras sus matones controlaban la calle y se convertían en los garantes del orden público por encima de los funcionarios policiales. En definitiva, se estaba creando el caldo de cultivo perfecto -otra vez- para la gran marcha sobre Roma, y a partir de aquí todo ya es historia.

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