En 1491, como bien nos explican los libros de Historia de secundaria, el Reino nazarí de Granada -el último Estado islámico peninsular- se integró dentro de la Corona de Castilla de Fernando II e Isabel I, los Reyes Católicos.

En las capitulaciones para la entrega de Granada, ambos reinos acordaron una serie de términos que afectarían a la población granadina, compuesta principalmente por árabes, bereberes y muladíes (cristianos que adoptaron la religión musulmana). Según estos acuerdos, se permitía a los “moros” -como se referían en los textos a los musulmanes granadinos- conservar su religión, sus costumbres y su lengua.

Manuscrito de las capitulaciones de Granada. El rey nazarí Boabdil abandonaba Granada en favor de los Reyes Católicos

Pese a lo pactado, la intención última de los Reyes Católicos era la conversión de los musulmanes al catolicismo; para ello, en 1499 encargaron al cardenal Cisneros la conversión forzosa de los granadinos, con el pretexto de expulsión en caso de que se negasen a cambiar de religión. Oficialmente, esta intención se materializó bajo la Pragmática de 14 de febrero de 1502, adoptándose el nombre de morisco para designar a los cristianos nuevos de origen musulmán.

Como es fácil de suponer, miles de musulmanes pasaron por la pila bautismal por rechazo a abandonar el territorio donde habían nacido y donde los musulmanes llevaban instalados ocho siglos. Por la misma lógica, éstos musulmanes que se convirtieron al catolicismo siguieron manteniendo -ahora en privado- el Islam como religión, así como sus costumbres y lengua.

Moriscos del Reino de Granada según el pintor alemán Christoph Weiditz

Es en este contexto de inestabilidad social y disputa religiosa en el que, entre los años 1568 y 1571, se produjo la llamada Rebelión de las Alpujarras.

Esencialmente, la rebelión fue una respuesta a la Pragmática Sanción de 1567, la cual obligaba a los moriscos a abandonar su modo de vida y su idioma para convertirse en verdaderos católicos. Ello repercutió especialmente en el Reino de Granada, donde la población morisca, que seguía superando a la católica, optó por la insurrección.

Así pues, se fijó el día de Nochebuena de 1568 para el inicio de la revuelta de los moriscos del Reino de Granada contra los católicos. Por su parte, como cabecilla de la insurrección morisca fue elegido Fernando de Valor, morisco de linaje árabe descendiente de los califas de Córdoba, el cual se hizo llamar Abén Humeya. Pese a fracasar en la capital granadina, la rebelión sí cosechó inicialmente triunfos importantes en las Alpujarras, región montañosa que se encuentra en la ladera sur de Sierra Nevada.

Juviles,en la Alpujarra granadina, una de las ciudades con más presencia en la novela histórica “La mano de Fátima” de Ildefonso Falcones, que se centra en la Rebelión de las Alùjarras

Durante los aproximadamente dos años de contienda se evidenció la superioridad militar católica frente a la morisca. Ante esta realidad, los moriscos contactaron con el Imperio otomano y con señores del norte de África para recibir ayuda, siendo ésta bastante limitada. Por su parte, la excepcional orografía de las Alpujarras benefició la resistencia de los moriscos y dificultó la campaña del ejército español, el cual tuvo que invertir abundantes recursos y soldados.

Rebelión morisca de Las Alpujarras (1568-1571). Principales focos del conflicto en el Reino de Granada

En cualquier caso, la rebelión de las Alpujarras pasó a la Historia por dos hechos: primero, por la crueldad que emplearon ambos bandos, reflejando la animadversión que se fue cultivando entre católicos y musulmanes durante el siglo XVI; y segundo, por la deportación de moriscos que se llevó a cabo una vez finalizó la contienda en el Reino de Granada.

Se estima que aproximadamente unos 80.000 moriscos granadinos fueron deportados a partir del 1 de noviembre de 1570 hacia otros lugares de la península, especialmente hacia Andalucía Occidental y las dos Castillas. Para el Reino de Granada significó un vacío poblacional muy importante y un retroceso para su economía, siendo las Alpujarras la zona más afectada.

Grabado de la novela Los monfíes de Las Alpujarras (1859) de Manuel Fernández y González que representa la expulsión de los moriscos de Granada

Finalmente, en 1609, con Felipe III como rey, se decretó la expulsión de todos los moriscos de la Corona de Castilla. En el Reino de Granada, obviamente, ya no quedaban muchos.

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