Podríamos decir que Jacques Anquetil fue el ciclista más influyente de su época. Fue el primero en conseguir cinco Tours de Francia. Era una persona que aparentemente parecía que había nacido para el deporte, su elegancia sobre la bicicleta y su carácter calculador en carrera se convirtieron en seña del peculiar deportista.

Aunque ya se sabían muchas curiosidades de Anquetil, la publicación en 2004 del libro Pour l’amour de Jacques escrito por Sohpie Anquetil, la hija/ nieta del propio corredor -sí, sí, has leído hija/nieta- desvelaron una serie de vivencias que escandalizaron a la opinión pública. Más tarde, otra biografía, esta vez escrita por el periodista Paul HowardSex, Lies and Handlebar Tape (Sexo, mentiras y manillar) se adentró en la singular vida del ciclista que estuvo marcada por los éxitos en las carreras -ganó unas 200- y los excesos fuera de ellas.

Anquetil fue un especialista en las etapas contrarreloj, un hecho que le valió el apodo de Monsier CronoGanó la prestigiosa competición francesa en su debut con 23 años en 1957, y después del 1961 al 64 se impuso al resto de los ciclistas de manera interrumpida.

Aunque durante años fuera el dominador de la carrera francesa, nunca gozó del cariño de sus compatriotas que preferían a ciclistas más sufridores como Raymond Poulidor -eterno segundón- que reconoció que “Él ganaba carreras y yo conseguía los aplausos”. Incluso el mítico corredor español Federico Martín Bahamontes fue más aplaudido que Anquetil en el Parque de los Príncipes en 1963, después de una reñida victoria en el Tour del francés.

Era un corredor atípico, nunca corrió por conseguir premios o el reconocimiento del público, Anquetil corría por dinero “El ciclismo no es mi deporte, fue él el que me eligió a mí”, reconocía el ciclista. Muestra de ello era que un año, para el Gran Premio de Lugano, fue capaz de negociar su prima para que le pagaran por no participar -finalmente participó y ganó-.

Hay una frase del también peculiar futbolista del Manchester United, George Best, que dice: “Gasté un montón de dinero en coches, mujeres y alcohol. El resto simplemente lo malgasté”. Esta expresión también se le podría aplicar a Anquetil, un tipo que según los cronistas de la época era un adicto al champangne, es más, también se le atribuyó otra frase lapidaria que indicaba el nivel de vida del genial deportista: “Para ser bueno sobre la bicicleta hay que ser bueno en la mesa y alegre en la vida”. Incluso Monsier Crono era capaz de cascarse unas cervezas en plena carrera.

Anquetil siempre reconoció que consumía anfetaminas -una práctica extendida en todo el pelotón- incluso las llegó a defender, ya que mantenía que ningún corredor podía ir de París a Burdeos solo con agua. Fue un tipo inteligente que tenía su propio estilo de vida, le gustaba y no encontraba otro motivo para vivir de otra manera.

Prueba de ello fue su vida amorosa. Monsier Crono se casó con la mujer del médico de su equipo –Janine-. Cabe destacar que cuando Anquetil se queda con la familia de su amigo galeno se lleva a casa a su mujer y a sus dos hijos  Annie (8) y Alain (6), con la hija compartieron lecho, y con la mujer del hijo también lo compartió. Es decir, Anquetil amó profundamente a tres mujeres que respectivamente y por turno fueron: madre, hija y nuera. Fueron una familia liberal, fue con Annie con la que tuvo a su hija/nieta Sophie.

Una vida peculiar, que no dejó indiferente a nadie, ni en el ciclismo, ni en los excesos de la vida, ni en su estructura familiar. Cabe destacar que en su clan nunca hubo denuncias ante la justicia ni nada y aseguran haber sido muy felices todos juntos.

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