Hay películas que enaltecen un género, un estilo cinematográfico, una forma de entender el séptimo arte. Grupo Salvaje (The Wild Bunch), es una de ellas.

Dirigida por Sam Peckinpah y estrenada en 1969, Grupo Salvaje sentó las bases de aquello que vendría a llamarse western crepuscular, una evolución del western clásico hacia dimensiones nostálgicas, románticas, donde los protagonistas dejan de ser simples héroes para convertirse en sujetos con matices más complejos.

Violenta, amarga, pesimista, enormemente humana, Grupo Salvaje explica en 145 minutos lo que es la amistad y el honor a partir de unos personajes (magníficamente interpretados) que viven atormentados por el pasado y la culpabilidad, pero cuyos valores permanecen. Son perdedores, malhechores, atracadores cuyo lugar en la vida (geográficamente entre Estados Unidos y México) es consecuencia de un destino cruel y desdeñoso con ellos. “Why not?” es una respuesta recurrente a lo largo de la película entre ellos, el tipo de respuesta nihilista que marcará el épico final de la película.

Más allá de los aspectos humanos, Sam Peckinpah revolucionó el tratamiento, en cuanto al rodaje y el montaje, de las escenas de acción. Múltiples cortes, numerosas cámaras, slow motion; todo ello permitió que la película adquiriera un dinamismo desconocido para la época. Como muestra, el primer tiroteo de la película, donde sobresale el talento del siempre inconformista Peckinpah. Una obra de arte en forma de western.

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