“The Knick” es una lección de Historia en cada uno de los veinte episodios que conforman las dos temporadas de esta serie de HBO emitida entre 2014 y 2015.

La serie parte de una idea hartamente conocida: cómo funciona un hospital interinamente y cómo se desarrollan las relaciones personales entre sus empleados. En el caso de “The Knick”, recoge esta premisa para contextualizarla en la New York del año 1900.

La transición del siglo XIX al XX fue un período de gran innovación en el campo de la medicina, un espacio de tiempo donde evolucionaron prácticas que hoy resultan cotidianas, pero que un siglo atrás significaron una auténtica revolución científica. En la serie se recrea el empeño de los cirujanos del hospital Knickerbocker por enfrentar las limitaciones de la época en cuanto a comprensión y práctica médica, con el objetivo último de evolucionar quirúrgicamente y reducir la mortalidad. En este punto, tenemos que señalar que “The Knick” no es una serie apta para aquellas personas con aprensión a la sangre, los bisturíes y, en general, todos aquellos elementos que intervienen en una operación. Hay que tener estómago.

Obviamente, las cuestiones médicas y quirúrgicas son la base argumental de la serie, pero en su metraje tienen cabida multitud de cuestiones que nos ayudan a entender cómo eran los Estados Unidos que se adentraba en el siglo XX.

New York, donde se centra “The Knick”, era el destino de miles y miles de inmigrantes procedentes principalmente de la Europa mediterránea -Italia como principal foco- y de la Europa del este, los cuales recogieron el testigo de centroeuropeos, escandinavos, británicos e irlandeses, cuya emigración a América se concentra en las décadas centrales del siglo XIX. En definitiva, la ciudad norteamericana era a inicios del siglo XX un auténtico hervidero de culturas, lenguas y acentos, situación que se representa fielmente en “The Knick”.

Señalar dos temas que adquieren especial protagonismo a lo largo de la serie: las drogas, en una época donde aún existen lagunas científicas en torno a ellas; y el racismo, cuyo tratamiento resulta realmente inspirador para comprender la situación de la población afroamericana hace apenas un siglo.

El ritmo de “The Knick” es frenético, la customización de la época, así como la imagen, es portentosa y las interpretaciones son equilibradas y verosímiles. Destacar el trabajo del actor británico Clive Owen, eje de la serie en su papel del doctor experimental John Thackery.

Una serie totalmente recomendable.

David García

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