Aún a día de hoy encuentro a mucha gente que me comenta que aún no ha visto la magnífica serie de The Wire del genial David Simons, el también creador de una serie que por desgracia no tiene el prestigio que debería tener: The Deuce (Las Crónicas de Times Square).

Cuando hablo de encariñarse con los personajes, no se confundan no es un síndrome de Juego de Tronos que ya procuras no coger demasiado apego por si la palma al final del capítulo, no con Simons es diferente, no temes que sus personajes mueran -incluso a veces lo deseas- porque hay algo peor que es el sufrimiento.

Los capítulos tienen un ritmo atípico -algo característico de Simons- sus series no comienzan con una narrativa trepidante que engancha al espectador. Con el creador de la también aclamada serie de la HBO Treme debes tener paciencia y saber que siempre hay un momento de la trama que sin comerlo ni beberlo estarás enganchado. Tú no te has dado cuenta pero lentamente te ha ido envolviendo en el mundo que construye, te sientes dentro de ese universo y no quieres salir de allí porque por crudo que sea quieres saber más, no te conformas con ningún final pues la evolución de los personajes es adictiva.

The Deuce se sitúa en los años 70 de la ciudad de New York donde las putas, los chulos y la mafia son el caldo de cultivo para algo que revolucionará todo, el porno. Al fin y al cabo recoge un contexto para poder hablar de aquella época y cómo ya hizo en The Wire hacer una crítica social precisa y elegante. Otro de los puntos fuertes de la creación de Simons es -cómo ya fue en Treme– su banda sonora prueba de ello es su brutal Opening.

Pero lo que más destaca de esta serie es el estado de gracia de todos sus actores, además es una serie que cuenta con un elenco bastante amplío ya que la fotografia social que hace Simons de New York es amplia y a todos los niveles. Destacar sus dos estrellas: James Franco y  Maggie Gyllenhaal. Él hace de dos hermanos gemelos sumamente diferentes y con tramas que se alimentan de una manera muy curiosa; mientras ella hace de prostituta que descubre el mundo del porno y poco a poco se va adentrando en la creación artística de las películas.

Una de aquellas series que te enganchan donde solo le resta una temporada más -ya que las audiencias no son demasiado buenas- una lástima ya que es una producción de un corte cualitativo altísimo.

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