A la edad de 95 años, cosa que no está mal, se ha muerto el gran Stan Lee, uno de los tipos más creativos que quizá el mundo haya visto. Y no lo digo solo por ser el creador de los 4 Fantásticos, Thor, X-Men, Iron Man o de Spiderman entre otros, sino por  entrar de becario en una editorial como Timely Comics en 1939 y convertirla en el gigante cinematográfico que es hoy: Marvel.

Stan Lee ha sido un creador atípico ya que no se ha comportado como un intelectual recluido, alejado de la sociedad que le juzga desde la distancia. Ha sido capaz de crear aquellas novelas gráficas, que, aunque fuesen cómics de superhéroes,  te hacen reflexionar. Para que nos entiendan, un Alan Moore –creador del aclamado tebeo Watchmen–. Lee ha sido, pues, más parecido a un creador que sabía mucho de marketing y cuyo objetivo era vender. Sabía tanto que su creación tenía una dirección aparentemente muy simple ya que iba dirigida a algo tan sencillo como complicado a la vez, el entretenimiento.

Hace unos días hablaba con un productor de cine español –personas en peligro de extinción– y me comentaba que los creadores prefieren hacer una película de autor, es decir, algo muy personal, antes que hacer un simple largo de entretenimiento. En su opinión, eso se debía a que crear un producto con tintes comerciales era algo muy complicado y que los creadores acostumbraban a tratar con desdén este tipo de cine aunque se veían incapaces de reproducirlo.

Pues bien, Stan Lee tuvo la valentía de crear cómics con el único propósito de entretener y para ello fue generoso. Aunque tenía el poder de decir que solo él hacía todo el trabajo de creación, siempre explicó su manera de trabajar. Exponía que su manera de trabajar era que a partir de una sinopsis, de una idea, trabajaba con los artistas Jack Kirby y Steve Ditko, los cuales desarrollaban con dibujos casi todo el cómic y que él más tarde acababa de rematar con los diálogos.

No es fácil reconocer que no eres el creador absoluto de un producto cuando tu eres el director de la editorial que ya por aquella época competía con DC (Superman y Batman) de tu a tu. Hay que ser generoso y humilde, y él demostró eso. Los que somos seguidores de su primer personaje Capitán América –que creó para competir con Superman– somos conocedores de la profundidad de su personaje más allá de las peleas y las sorprendentes aventuras del justiciero.

Además como todos sus superhéroes, la letra inicial de su nombre y apellido siempre debe ser la misma: Peter Parker, Loki Laufeyson, Matt Murdock, Stephen Strange, Dum Dum Dugan, Fantastic Four, Doctor Doom, Curtis Connors, Bruce Banner, Scott Summers, Susan Storm, Reed Richards, Otto Octavius, Green Goblin, Silver Surfer, Warren Worthington, Pepper Potts, Fin Fang Foom, Happy Hogan y J. Jonah Jameson, entre otros. Un toque comercial más que inteligente.

Destaco su concepto comercial y de marketing porque otra de sus genialidades, y que ahora no encontraremos en las películas de Marvel, eran sus cameos. Estos pequeños autohomenajes que tenía la valentía de afrontar son santo y seña de una de las compañías más grande que jamás haya existido.

RIP STAN LEE

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