Es posible que después de ver la nueva serie de Ricky Gervais, un gran número de personas tengan un reacción similar a la mía: ir a la wikipedia y comprobar si la mujer del cómico está viva o muerta.

En las primeras lineas, después de sus datos vitales -fecha y lugar de nacimiento, etc- se puede ver como su compañera está viva y por qué no es su esposa. Además, llama la atención que el conocido portal de “información” se refiera tanto a su relación amorosa que se inició en los 80.

La introducción -en este artículo- sobre la pareja de Gervais, la productora Jane Fallon, se debe a la impecable  interpretación del creador de la maravillosa The Office en la nueva serie del popular guionista que gira entorno a un hombre que ha perdido a su esposa. Es tan creíble su personaje que piensas “¿le ha pasado  esa desgracia a él en la realidad?”

Hay un punto morboso y a la vez divertido en ver como un humorista -uno de los más influyentes en la actualidad- refleja la tragedia. Aunque nos podríamos poner de acuerdo en que la comedia es un drama desde otro punto de vista, cuando los especialistas en hacer reír se sumergen en tramas de textura más sombrías, lo hacen con una sensibilidad que denotan una serie de matices muy particulares que no encontramos en otros creadores acostumbrados a desarrollar tramas tristes.

Quizá nos sigue sorprendiendo que una persona que nos tiene acostumbrados a provocarnos la carcajada nos lleve después al llanto. Todo actor te reconocerá que hacer reír es mucho más difícil que hacer llorar. En el caso de Gervais, él no quiere llevarte al llanto en ningún momento, sino te quiere llevar a la tristeza, y de la tristeza a la soledad -entendida como la peor calamidad que una persona puede vivir*-.

Y ese es el punto de sensibilidad que antes hacía referencia. Un humorista debe ser inteligente para llevarte a una reacción tan precisa como la risa -mediante la parodia, caricatura, pantomima, etc-, y en After life, Gervais hace eso, te lleva a un tipo muy determinado de tristeza. Cabe decir, que estamos ante uno de los humoristas más brillantes de los últimos 20 años, y aunque nos haga llorar en algunos momentos de la serie, también hay espacio para la risa tonta, aquella que te avisa de una futura desgracia pero que es necesaria para poder superar la adversidad.

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