Rápido, piensa en alguien que en el último año te haya impresionado mucho… ¿Lo tienes? ¿No? Yo sí y el nombre de este es Armando Ianucci. Un hombre irlandés con nombre español y apellido italiano.

Él es el creador de Veep la maravillosa serie de la HBO sobre la política estadounidense con la fantástica Julia Louis-Dreyfus. O la también maravillosa In the Loop sobre la política exterior con el fantástico James Gandolfini. Apunte la última película de Gandolfini fue una historia de amor precisamente con Julia Louis-Dreyfus en Enought Said.

Pues bien, la última película de este creador es “La Muerte de Stalin” basada en la novela gráfica homónima que narra la muerte de uno de los dictadores más despiadados de la historia. Era tal el pavor que provocaba que se podría resumir en un viejo chiste ruso: “Cómo se va a enfadar Stalin si le decimos que se ha muerto”.

Este chiste, bajo mi opinión, refleja el espíritu del film. Es absurdo, es conciso y muestra una cruda realidad. Pero para que un chiste te haga gracia no solo basta con que este sea bueno, falta que te lo expliquen bien. Y aquí reside otro punto fuerte, el reparto.

Imaginad a Steve Buscemi haciendo de Nikita Jrushchov, el que se puso al mando después de Stalin hasta que Brézhnev lo jubiló once años más tarde. Además, con la coña que muchas veces le llaman Niki, eso para los amantes de Boardwalk Empire , donde interpretó a otro político corrupto Nucky Thompson, es una delicia. Buscemi es único haciendo de persona terriblemente extraña, con un componente de patetismo empático que redondea al personaje.

Para los que adoramos el concepto patético, cuando está bien interpretado, otro referente seria Jeffrey Tambor. Maravilloso en las series Transparent y Arrested Development. En esta película interpreta al secretario de Stalin, Malenkov.

Me encantaría parar a analizar todos los personajes, todos están fantásticos. Beria, el jefe de la policía secreta de Stalin, está en estado de gracia. Pero solo me da tiempo a uno más:

El admirable Michael Palin como Malenkov, y me centro en Palin porque como miembro de los Monty Python añade un aurea única de crítica con humor absurdo que estos dominaban.

Una película para reír y aprender, dos factores que cuando van de la mano y están bien equilibrados te brindan un espectáculo que muchas veces cuesta olvidar.

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