Intentar responder a la pregunta de cuál es el inicio de la “telebasura” es harto complicado, aunque es indudable la influencia de uno de los momentos televisivos que han marcado más tendencia en los últimos 50 años. Además, nos ayuda a entender como se comienza a gestar ese tipo de televisión que se da cuenta que las discusiones airadas son garantía de audiencia. La escena está protagonizada por dos de los mayores intelectuales y mejores oradores que nos ha dado el país americano: Gore Vidal y William F. Buckley.

Vidal era uno de los ensayistas y novelistas estadounidenses más liberales de su era, una avanzado a su tiempo que por su condición sexual -nunca reconocida del todo- fue de los primeros en tratar la homosexualidad y la transexualidad en sus novelas, siendo sumamente provocador y polemista en el análisis psicológico de los hombres, a los que perturbaba apuntado en que todos -en el fondo- deseamos que nos sodomizen. Otro de los puntos fuertes de este personaje era su vertiente de guionista. Aunque no esté en los créditos de películas como Ben-Hur y de Calígula, Gore fue uno de los escritores de tan influyentes películas.

Aunque siempre fue más conocido por ser novelista y ensayista de obras como La ciudad y el pilar (1948), Lincoln (1984) y Creación (1981). Tanta fue su producción y de tan nivel, que fue candidato al premio Nobel de la Literatura.

Por otra parte se situaba William F. Buckley, un intelectual de derechas considerado como uno de los ideólogos más influyentes del sector conservador de Estados Unidos. Buckley supo encontrar el equilibrio  entre el conservadurismo político estadounidense tradicional con el liberalismo económico. Allanando de esta manera la época dorada de este movimiento político que llego a su auge durante el mandato de Ronald Reagan.

Los dos intelectuales tenían un uso magistral de la retórica y la dialéctica, prueba de ello eran sus continuas intervenciones en la televisión americana y como fueron dos personajes que comenzaron a entender el potencial de este medio de comunicación.

Tanto es así que en las convenciones republicanas y demócratas de 1968, cuando el tercer canal de EEUU quiere subir la audiencia y no tiene el presupuesto para desplegar los medios que los otros sí tenían, piensan en Gore y Buckley. Así -amigos mios- dan inicio las tertulias en las que se enfrentan diferentes pensamientos y planteamientos básicos.

Os recomiendo el documental de Netflix Best of enemies, en el que durante dos horas podemos gozar de como estos dos extraordinarios hombres se enfrentan con la palabra, ya no solo es lo que dicen, sino como lo dicen y la intención de provocar al rival. En esas discusiones no hay medias tintas y todo lo que se dicen -y lo que no- es apasionante, una lección de oratoria que cualquier persona con un poco de curiosidad por la humanidad debería ver.

Además, el documental nos regala una reflexión que me parece muy acertada para la época que vivimos. Hoy día cuesta que dos ideas contrapuestas puedan tener una conversación constructiva por vía del diálogo divertido, dinámico e inteligente. Nos estamos acostumbrando de una manera muy peligrosa a escuchar un argumentario basto y chabacano que sirve para reafirmarnos en una idea y rechazar cualquier tipo de autocrítica.

De esta manera comenzamos a vivir en mundos paralelos con personas que piensan diferente a nosotros pero que viven en el mismo país, pueblo, ciudad, bloque de pisos o incluso bajo el mismo techo. Las redes sociales y los medios de comunicación actuales se están orientando hacia la desconexión entre las personas, no hace falta discutir con alguien que está a tu lado ya que en twitter hay 200 personas que piensan igual que tú, y con eso, parece ser que ya les basta a muchos.

Un documental recomendable para descubrir a estos dos intelectuales y para poder reflexionar sobre la comunicación política de nuestra era.

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