Duele cuando muere un artista que te gusta mucho, te acuerdas de su obra y piensas en todo lo bueno que ha creado y en todo lo que podría haber creado.

Ha muerto el gran Bernardo Bertolucci director de películas de una talla enorme como El último tango en París, Novecento o El último emperador. Podría destacar otras tres películas pero ahora os justifico porque destaco estas tres.

Antes de entrar en materia y hacer un pequeño recorrido por su carrera cinematográfica me gustaría añadir que hoy, mucha gente joven que no sabe quién es este tipo, va a tener la gran suerte de descubrirlo, de trastear por Internet y quizá ver alguna de sus películas que, sobretodo, radiaban libertad de creación, extrema libertad de creación.

El porqué de destacar El último emperador, es porque ha sido la más reconocida en cuanto a premios se refiere. Una película que ha tenido una peculiaridad. Fue la primera en ser filmada en la Ciudad Prohibida de China. Un hito que la convierte, no solo en una grandísima película sino que también en un gesto político.

Novecento, debe ser destacado solo porque Bertolucci intenta explicar de una manera maravillosa parte de la historia de Italia, la del último siglo para ser más exacto. Una película que dura unas 5 horas y media –se grabó en el 1976, seguramente si se hiciera ahora, sería una serie de culto de Netflix o de la HBO–. Cabe decir, que los protagonistas son Robert de Niro y Gérard Depardieu, casi nada, además de contar con un elenco nada despreciable.

Y finalmente, hablar de El último tango en París, qué decir de esta película… Es complicado hablar sobre ella y destacar cosas maravillosas del film y lo que supuso para un país como España –censurada por la dictadura de Franco– ya que está manchada por una escena en la que Marlon Brando abusa de la joven Maria Schneider.

Todo lo que hizo Bertolucci respira libertad, nunca se ha querido encasillar en un estilo, siempre ha evolucionado hacia algo, lo que se traduce en que siempre se ha tirado a un piscina vacía, lo que provocaba –en palabras del propio maestro— que “A veces he sentido celos de mis colegas porque tenían incluso cola (de seguidores), como los cometas. Siempre pensé que yo era difícil de imitar, por eso a mí no me seguía nadie…”.

Hasta siempre Bernardo Bertolucci.

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