Reproducir del beso de la vergüenza

Hace unos años se vivió uno de los momentos más esperpénticos de la política parlamentaria en el Congreso de los diputados, un político de entonces, Xavi Domenech dimitió por sorpresa (o no) sólo tres años más tarde de llegar a la escena política. Los desencuentros con Ada Colau -actual alcaldesa de Barcelona- comenzaban a ser comidilla de tertulias, pero lo que no se cuestiona en ningún momento era la amistad que Pablo Iglesias y Domenech tenían en aquel momento.

Pablo Iglesias fue de los primeros en reconocer el trabajo del exdiputado en un cariñoso tweet. Ellos compartieron uno de los momento más vergonzosos del Congreso de Diputados, un beso en la boca en medio del hemiciclo -y no es el acto fraternal en sí lo que molesta, sino el trasfondo histórico y social que representa-. Fue de aquellas escenas que intentaban transmitir un mensaje. En aquel momento, y según los protagonistas, era una muestra de profunda amistad y admiración.

Domenech y Iglesias no eran los primeros en besarse en un espacio lleno de políticos para dar un mensaje determinado. En junio de 1979, Erich Honecker, por aquel entonces presidente de la República Democrática Alemana (RDA), necesitaba el apoyo del ejército Rojo para sofocar las posibles revueltas de la población que ya se olían contra la Alemania comunista.

Leonid Brezhnev en aquella época era el Secretario General del PCUS y por lo tanto,  Presidente de la Unión Soviética, después de críticos enfrentamientos contra su predecesor Nikita Jrushchov. Brezhnev necesitaba, para variar, algún acto propagandístico para la parroquia. Los dos dirigentes sellaron un pacto, cubriéndose sus respectivas necesidades, con un beso en la conmemoración del 30 aniversario de la creación de la (RDA) sellaron su pacto.

Aquel “beso fraternal” quedó inmortalizado, primero en una foto que dio la vuelta al mundo y segundo en un retrato del momento que se pintó en el mismo muro de Berlín. El mural es una de las pinturas que más se visitan en el East Side Gallery de la ciudad alemana.

Cabe destacar que no fue un acto fortuito, sino una tradición comunista de sellar un pacto entre dos dirigentes. Si se tenían mucho cariño en vez de darse tres besos en la mejilla, se podían besar. Aquel beso no fue por amistad, aquel beso fue un gesto necesario para que los dos dirigentes comunistas se pudieran mantener el poder.

Deja un comentario

Your email address will not be published.

Next Story

Artur Bladé, un autor desconocido